Aprovechando un artículo que Expansión ha publicado hoy sobre el (aquí os paso el pdf EXPANSION_28062012_CONSUMO COLABORATIVO) en el que me han citado me gustaría abordar esta tendencia y compartir con vosotros algunas de las oportunidades que han surgido a su alrededor.
El consumo colaborativo es, al contrario de lo que se puede pensar, una de las formas más tradicionales de consumo que existen. Consiste en cambiar, compartir o distribuir bienes o servicios con otras personas que puedan necesitarlos o desearlos.La idea parte de un concepto sencillo que todos conocemos,… ¿Cuántos habéis compartido coches con vuestros compañeros de universidad para ir al campus? ¿Cuántas veces habéis prestado vuestra raqueta de tenis o vuestra taladradora?
Antes, estas “transacciones” se producían en entornos próximos y en círculos de confianza. Ahora, gracias a Internet y las redes sociales, el círculo de acción se amplía y maximiza ya que puedes poner a disposición de personas que están en la otra parte del mundo una habitación de tu casa, un libro que te sobra o cualquier otro bien que no necesites.
Detrás de este movimiento también se encuentra una búsqueda de un modelo de consumo sostenible que frene un consumismo desenfrenado que nos lleva a tener un exceso de “cosas u objetos” en nuestras casas. Una de las gurús de este movimiento es Rachel Botsman que en su libro What’s mine is yours teorizó sobre el impacto y las posibilidades que ofrecían esta tendencia a las marcas existentes y a las nuevas oportunidades de negocio que podrían surgir. Os recomiendo que veáis su charla en TED…
Este consumo parte de la premisa de que alguien tiene algo que no necesita en ese momento o una “capacidad ociosa” y lo pone a disposición de otras personas que precisen de esos servicios. Botsman, distingue entre tres tipos de opciones:
a) La redistribución de objetos que ya no nos sirven. Por ejemplo, pensemos en una pareja que ha tenido un bebé y cuando éste crece ya no necesita ni el carrito, ni la cuna… En este contexto, la pareja tiene la opción romántica de guardarla en su casa (si tiene sitio) o re-distribuirla (y aquí puede hacer un pequeño negocio si la vende o generar una acción altruista si la regala).
b) El compartir un estilo de vida colaborativo. Uno de los casos más conocidos es el de la web couchsurfing.com que permite a personas de todo el mundo viajar hospedándose en las casas de otras personas que la han puesto a su disposición por un precio asequible. Hay otros muchos ámbitos en los que se desarrollan estas iniciativas: Empresas que comparten oficinas de manera temporal, empresas que optimizan los parkings privados para “rentarlo” a diferentes clientes que los usan en horarios diferentes, comunidades que se “prestan” herramientas de jardinería o bricolaje…
c) El aprovechamiento de la “capacidad ociosa” de nuestros bienes. Aquí no hablamos de compartir un ordenador sino de compartir “el exceso” de banda ancha para compartir el wifi, tampoco nos referimos a “ceder” una bicicleta sino a que un Ayuntamiento, como el de Barcelona, establezca una red de bicicletas que los usuarios van a compartir…
En esta esfera nos encontramos con modelos de negocio que se han desarrollado en los últimos cinco años con gran éxito.
Es el caso de Netflix en Estados Unidos o, aún más conocido, son los casos de las “compras colaborativas” que han impulsado a Groupon o Groupalia. En estos casos una empresa pone a disposición de los clientes un exceso en su oferta y éstos, para poder beneficiarse, deben unirse para llegar a un número mínimo de compradores. Y esto lo hacen, por supuesto, sin conocerse. Simplemente a través de una plataforma web.
Tenemos casos de empresas que ya están en bolsa como Groupon en Estados Unidos y que se basa en estas compras colaborativas o, aún más grande, el ejemplo de eBay que básicamente es un enorme portal de compra venta de productos usados y que queremos deshacernos de ellos. Por lo tanto, se puede pensar que alrededor de esta forma de consumo se pueden establecer modelos de negocio con éxito y sostenibles.
¿Las claves?
- Que atienda una necesidad real de los consumidores
- Que haya una correcta definición del objeto o bien que se pone a disposición
- Que el proceso de compra – intercambio sea transparente
- Que cuente con una estructura tecnológica sólida y que garantice la seguridad de los datos personales y las transferencias económicas
- Que sea lo más respetuoso posible con el medio ambiente y con formas de consumo responsable
Y finalmente, este consumo se basa en que los consumidores son una parte activa del comercio por lo que es imprescindible contar con sus opiniones para distinguir entre los diferentes actores del proceso. Así, a pesar de no conocernos, nos fiaremos más de los servicios propuestos por un usuario que cuenta con un 98% de recomendaciones positivas que el de otro con un 62% de recomendaciones. La reputación online juega un factor crítico como “garante” de la transacción y como un generador de confianza que nos hace tomar la decisión sin miedos.
¿Qué pensáis vosotros de este movimiento? ¿Lo veis como una fuente de oportunidades para desarrollar un negocio sostenible?
Espero vuestros comentarios y os invito a escribirme en @jesusrebollog



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